Nota de despedida
Me pregunto si alguna vez seré capaz de enseñarte este pequeño texto que lleva semanas en mi cabeza, y que hoy, por fin, me he atrevido a escribir. no se cuánto tiempo tardaré en sacar el valor necesario para poder hablarte, aunque sé que será bastante, o al menos será tiempo suficiente para que ya no pienses en mi.
Es irónico ¿verdad? Tú olvidándome y yo buscando las fuerzas para decirte todo lo que siento, todos esos sentimientos que cada noche hacen estallar mi pecho, y que en lágrimas expreso, a las cuatro paredes que me oyen, y que ya están hartas de escuchar mis miles de lamentos.
Sé que cuando lo leas será tarde, y aunque sabes que siempre me quedarán demasiados secretos por contarte, esos que grito en silencio, esos que solo mis ojos saben decir... nunca podrás escucharlos, porque ya nada será igual.
Y puede que todo lo que estoy diciendo, todas esas palabras de ánimo que me digo a mi misma, suenen como una balada barata de las que se cantan en una verbena de pueblo antes de las doce... pero joder, sabes que adoro esas pequeñas melodías que no dicen nada, pero que lo dicen todo.
Tanto, o casi tanto como adoraba sentir tu boca cerca de la mía cada mañana, nada más abrir los ojos, después de ver el primer rayo de sol por la ventana... Y más aún cuando, después, me abalanzaba sobre tu torso y alternaba besos y mordiscos tan fuertes y tan suaves, que no sabías cuando besaba o mordía...
¿Se nota mucho verdad? Lo sé, está escrito en mi rostro... Sé que mis ojos están llenos de vacío, ese tan típico de invierno, de un invierno a punto de florecer, ese vacío, que hoy, está dentro de mi.
Pero es abril, es primavera, y yo me siento en un constante diciembre, en el que el frío ha congelado mis lágrimas, y ni la más estrepitosa tormenta puede borrar los surcos de agua salada que recorren mis mejillas.
No lo sé, no sé cuándo dejaré de ahogarme en mi propio llanto, ni cuando dejaré de estar tan jodidamente loca por ti, y empezaré a estarlo por mi vida.
La verdad, no tengo prisa, porque no quiero que seas otra herida más sin cicatrizar, no quiero más cicatrices de esta historia, porque solo me recuerdan los tropiezos, y todos esos obstáculos que no hemos podido salvar... Y no lo quiero.
Quiero curar y cerrar estas heridas, y recordar solamente lo jodidamente feliz que me hacía ver tu sonrisa. Sé, que a partir de ahora ya no seré yo quién la provoque, y no sabes lo mucho que me quema por dentro,
pero hazme un favor, sea lo que sea lo que te haga feliz o desdichado, nunca dejes de sonreír.
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